
En la calle de Homero, en una de las zonas más exclusivas de la Ciudad de México, un perro San Bernardo de 4 años fue victima de los arribos de su dueña. Los hechos fueron muy trágicos, según la testificación proporcionada por la señora Aparicio (la ama de llaves, que resultó también ser pariente lejana de Yalitza). Quien nos cuenta:
Doña Yolanda (la patrona) llegó al medio día luego de ir a entrenar al gimnasio y jugar canasta con sus amigas. Ella es una mujer joven, de una figura esbelta y un cuerpo muy bien esculpido, ojos grandes y amielados y 1.55 metros de estatura.
Lo que llama la atención de este incidente es que el San Bernardo (Babas) es un perro bastante grande y robusto. Cuando doña Yolanda entró a su cuarto encontró a Babas (nombre del occiso) arriba de su cama y mordisqueando a tambor batiente sus zapatillas favoritas; esas zapatillas tenían incrustaciones de oro, diamantes, esmeraldas y otras piedras preciosas. Babas no lo sabía, y siempre se había comportado con decoro y educación, pero en esa ocasión tuvo la mala fortuna de morder el zapato equivocado.
Doña Yolanda, dueña del canino y patrona de la Sra. Aparicio, asegura ante agentes de la Fiscalía Ministerial que es una persona equilibrada y comprensiva, pero que en ese momento perdió los estribos porque su perro en lugar de mostrarse apenado le hizo una mueca parecida a una risa y sarcásticamente siguió mordiendo sus zapatos.
La dueña dice que no hay otra razón por la cual haya acometido contra el canino; durante sus declaraciones dejó en claro y muy enfáticamente que N-A-D-I-E se burla de ella, ni siquiera Babas. La señora Aparicio presenció la escena del crimen y describe los hechos aterrada creyendo imposible que un perro de casi 80 kilos haya sido extrangulado por su patrona. Babas no se lo merecía, Babas era bueno y noble decía entre sollozos la ama de llaves; Babas creyó que todo fue un juego.
Foto tomada de internet créditos a quien corresponda.
Con información de el fotógrafo















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